Hacienda Saucillo

Como consecuencia de la expulsión de los jesuitas de Nueva España (1917), sus propiedades fueron vendidas a los particulares. Es el caso de las haciendas jesuitas de la Intendencia de Zacatecas - Cieneguilla, Tetillas y Ciénega Grande - que fueron adquiridas por ricos misioneros; esas haciendas fueron adquiridas principalmente por el Conde de Regla, cuyo hijo las vendió a Diego Rul, conde de la Casa Rul, aproximadamente a principios del siglo XIX.

 

Los jesuitas habían ganado fama de ser unos eficientes administradores de haciendas, a las que sometían a una explotación racional, otorgándoles a cada una, una actividad y producción especializada. Así, en el caso de Ciénega Grande, la hacienda se especializaba en el beneficio de plata y en la cría de ganado mayor. En general, la demanda efectiva de productos agropecuarios por parte de las zonas norteñas, generó un comercio interior con lo producido en las haciendas, a pesar de los obstáculos representados por el mal estado y la insuficiencia de caminos y la dependencia excesiva de los ciclos pluviales.

A finales del siglo XVIII, ya se tenían noticias de la “Hacienda del Saucillo”, originada parece ser, a partir del latifundio de Ciénega Grande. El complejo arquitectónico estaba distribuido en todo el terreno de la hacienda y formaba una unidad a la producción agrícola, constaba de la casa del hacendado, el granero, patios y corrales para maniobras y guardado de los animales de tiro y de carretas, el almacén de utensilios agrícolas y taller de reparación el aljibe de agua, patio de trabajo, que además tenia la función de ser sitio de reunión para las festividades religiosas y civiles, troje y molino de semillas y las viviendas de los trabajadores de la hacienda. Cuenta además con un acueducto de tipo colonial, cuya función fue servir como conducto artificial para abastecer de agua a la comunidad.

 

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